Archivo | enero, 2015

Claudia

31 Ene

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Cuando cumplí cuarenta años, mi santo (mi amor, mi media familia…) me regaló una pulsera preciosa de la que colgaban dos medallitas donde podía leerse Ada y Teo. Había una tercera sin grabar. Siempre supe que esa pieza luciría algún día en mi muñeca con un nombre.

Esa tercera medalla pertenece a Claudia, un maravilloso regalo que la vida nos hizo esta Navidad.

Durante algunos meses que nos parecieron eternos, permanecimos esperando una adopción especial. Queríamos completar nuestra familia ofreciéndonos a algún niño o niña con síndrome de Down que pudiera necesitarnos. Esa pequeña es Claudia, nuestra nueva hija, la nueva hermana de Ada y Teo, que ha sido recibida por ellos con todo el amor y el entusiasmo que ya habían mostrado sin fisuras durante el proceso. Los cuatro a una.

En tan solo un mes, Claudia nos ha enseñado tantas cosas… Es tan bonita, tan fuerte pero a la vez tan vulnerable que sólo despierta los mejores sentimientos de los que una casi no se creía capaz.

Porque además de haber nacido con síndrome de Down, Claudia tiene algunos problemas (importantes) de salud que habrá que ir resolviendo poco a poco. Y una no espera reaccionar con serenidad ante determinadas circunstancias de los hijos hasta que se ve en la obligación. Y una no se supone capaz de generar tanta resistencia optimista hasta que es una carita tan adorable la que se lo impone.

Así que quizá en este mes he aprendido de mí misma más que en mis 43 años anteriores. Asumiendo que la vida, Dios, el destino o lo que cada uno quiera interpretar, a veces decide por ti y te pide algo extraordinario, que seguramente no te imaginabas poder afrontar, pero que, dejando el miedo a un lado, es de lo mejor de tu existencia.

Volvemos a empezar con un bebé en casa. A saborear la deliciosa sensación de dormir a un niño en el regazo. A empujar un carrito. A tararear nanas. A calmar con un beso, o con mil. Y, comprobamos, de nuevo, y por tercera vez, que no hay nada igual en este mundo.

Claudia ha sido acogida con emoción y calor por nuestras familias, por amigos, por conocidos, por desconocidos y por vecinos (¡como ese tan discreto que me confesó que él sí me había notado el embarazo!).

Pero además de estas agradables sorpresas y reencuentros (¡Irene, tan lejos y tan cerquita!), también ha habido muy dolorosas decepciones. Porque tal vez se confunden necesidades (especiales o no) con problemas (terribles o peores). Y nos hemos dado cuenta de que Rappel, Esperanza Gracia, Sandro Rey y toda su corte tienen mucha competencia en esto de adivinar el futuro, sobre todo si es para pintarlo mal.

En todo caso, la balanza ha sido tan abrumadoramente positiva… Ahí han estado mis jefes, Rebeca y Jorge, de los primeros en enterarse de nuestro deseo (mucho antes que la propia familia), que no sólo me han facilitado asistir a las mil entrevistas que hay que pasar para ser idóneos como padres adoptivos, sino que me han sostenido siempre emocionalmente y me han animado y empujado hacia arriba como solo alguien que no tiene obligación de ello puede hacer. Para los dos y para todos los demás, nuestra infinita gratitud.

Ahora nos toca disfrutar de Claudia, de ese amor de niña con que la vida, Dios o el destino nos han obsequiado. Y quiero confesaros que estamos FELICES, con mayúsculas, a pesar de todas las complicaciones, a pesar de los malos tragos que tendremos que pasar, Claudia es ese regalo que te llena el alma, que nos ha llenado el alma.

Ahora somos cinco y no puedo querer más a mis otros cuatro corazones.

Intentaré contaros cosas, aunque me temo que no cada semana, Periquitos míos. Mientras, os dejo un beso para cada uno, que ahora me brotan sin parar.

Terry Gragera
@terrygragera

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