Un Halloween demasiado real

4 Nov

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Admito que somos unos blandengues y que hemos sucumbido al “truco o trato”. De hecho, es una fiesta grande en casa, y los niños la esperan y la preparan durante semanas.

Muy distinto a mis recuerdos infantiles cuando acompañaba a mis padres al cementerio a poner flores y a adecentar la lápida de mis abuelos según se acercaba el Día de Todos los Santos. No me traumaticé por ello, no, pero entiendo que los jovencitos de hoy prefieran el jolgorio al drama. No es lo mismo ver a tus padres lógicamente cariacontecidos que contemplar cómo tu madre muta en enfermera zombi y tu padre en el hijo de Frankestein.

Así que, dándolo todo una vez más, preparamos la fiesta de Halloween a conciencia con un menú de lo más suculento: magdalenas envenenadas, jugos gástricos, meado de camello, agua de alcantarilla, vómito de calabaza, bastoncillos usados con cera de oídos, tiritas infectadas, sangre en jeringuillas, mini momias y gusanos de muerto, entre otras delicatessen que abren de por sí el apetito.

Pero la tarde se torció, y de qué manera, cuando Lola, nuestra (segunda) cobaya, dio muestras de no estar para muchas algarabías. Tras la pertinente visita al veterinario, nos la llevamos a casa para dejarla descansar en la habitación más tranquila mientras esperábamos a los diez niños convocados para celebrar con los nuestros el jalogüin.

Os reconozco que ese día sí que fuimos generosos porque acabamos dando una fiesta para los amigos de nuestros hijos, ya que ellos, especialmente Ada, no se hallaba en sí y fue incapaz de disfrutar (¡igualita que su madre!).

Al acabar la velada vino lo peor. Descubrimos con nuestros peques que Lola había decidido vivir la noche de los muertos en el estricto sentido del término. Y dramón al canto, como no podía ser de otra manera.

Me di cuenta entonces cómo de mayor se está haciendo Ada, pues su llanto ya no era el de una niña al que se le ha ido su mascota, sino el de una “adulta en proceso” que se siente culpable por no haber estado con su cobaya en los últimos momentos. Y que, además, experimenta tristeza y rabia (su primera rebelión contra la vida) a partes iguales. Y  fui plenamente consciente de que está creciendo muy deprisa.

Así que esa noche, además de recoger restos del suelo como meados de camello y otras exquisiteces, y tras consolar el llanto inconsolable de Ada, mi santo, que cada vez se gana más el sitio, se dedicó a embalsamar a la cobaya Lola.

Como el resto de nuestras mascotas, y sin posibilidad de otro tipo, Lola tiene que ser enterrada en el campo de los abuelos, a 500 kilómetros de casa. Allí están Kira, la (primera) cobaya, Francis, el pollito, y algunos peces que aguantan el paso del tiempo envueltos en papel film.

Está bien tenerlos allí juntitos, bajo el nogal de la Casa del Árbol, pero cuando no hay previsto ningún viaje, la cosa se complica. Es lo que sucedió con Kira, que pasó varios meses en la cámara frigorífica de la gentil veterinaria, antes de que pudiéramos recogerla para darle esos funerales cuasi de Estado que mis niños organizan.

Así que volveremos a hacer kilómetros en cortejo fúnebre, pero esta vez con nuestra querida Lolita, e intuyo que Ada y Teo dejarán otra vez dibujos y cartas bajo la tierra para que quede constancia de sus sentimientos.

No me gusta ver sufrir a mis niños, pero si soy sincera, me alegro de que sean capaces de entristecerse incluso por una conejilla de Indias de apenas 300 gramos, aunque sea a costa de hacer rico al señor Kleenex estos días.

Es una forma de aprender que hay dolores que no se eligen y que hay que tolerarlos, a ser posible sin anestesia; algo que para una madre (protectora) como yo no es nada, pero que nada fácil.

Para que luego critiquen que Halloween es una fiesta de mentira. ¿Me lo dices o me lo cuentas?


Terry Gragera
@terrygragera

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12 comentarios to “Un Halloween demasiado real”

  1. Irene Álvarez Temiño 5 noviembre, 2014 a 15:36 #

    Vaya, una fiesta triste para los niños pero, como tu dices, es fantástico ver que crecen y que superan las adversidades. Nuestros hijos tienen una vida “fácil” y creo que, aunque como padres duela, es bueno que a veces sufran y sean conscientes de que no todo en la vida es bonito; a veces hay cosas y personas que no nos gustas y tenemos que saber enfrentarnos y superarlo.

    Un beso a los cuatro.

    • Terry Gragera 5 noviembre, 2014 a 16:15 #

      Tienes toda la razón, Irene. La vida es eso, aprendizaje continuo. Yo también os mando un beso muy fuerte a los seis.

  2. alfonsomancheno 4 noviembre, 2014 a 17:35 #

    Hola Terry. Me acaban de robar en casa y aunque no crea en la propiedad privada , estaba muy cabreado.  Despuès de leer tu historia, me he sentido triste , pero al tiempo encantado de saber que siguen existiendo madres y padres preocupados por atender a la sensibilidad de sus hijos y educar a travès de sus emociones. Bueno el caso es que me has arreglado bartante el cuerpo a pesar de que la causa haya sido una mala notica. Por cierTo comento dos veces porque pensè que la primera no salìa. Muchas gracias y un abrazo fuerte a los cuatro. Alfonso

    Enviado desde Samsung tablet

    • Terry Gragera 4 noviembre, 2014 a 19:59 #

      Muchas gracias, Alfonso. Siento mucho lo de tu casa. Es difícil esto de educar a través de los sentimientos, pero ahí lo vamos intentando. Mil gracias por leerme, ya sé que eres de los fieles 😉 Un besazo.

  3. Anónimo 4 noviembre, 2014 a 17:18 #

    Gracias Terry, cuanta ternura y poesìa en este relato. Me ha encantado y conmovido. Siento de veras lo sucedido dales un beso de mi parte
    Un abrazo fuerte .

    • Terry Gragera 4 noviembre, 2014 a 19:59 #

      Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte también para ti.

  4. Anónimo 4 noviembre, 2014 a 15:00 #

    Un cúmulo grande de sentimientos me ha producido este Post. Siento en mi alma que mis niños lo hayan pasado tan mal, sin poder consolarlos de alguna manera. Que mayores se hacen!!!….Besos para TODA la familia

    • Terry Gragera 4 noviembre, 2014 a 19:55 #

      Qué mayores nos hacemos, Mamá. Ellos y nosotros. Tus nietos van creciendo y creciendo bien. 🙂

  5. inloga8 4 noviembre, 2014 a 9:54 #

    Terry !!!!! El viernes se murió nuestro hamster Lola! Se ve que era el dia de las Lolas!! Pero nuestro caso fue distinto…..estaban las peques en un cumple y cuando salieron nos fuimos de fin de semana…asi que no hubo trauma…Luego alli se acordaron pero no le dijimos nada…y desde que volvimos el domingo no se han dado cuenta!!!!!! asi que estoy esperando a ver cuanto tardan …… Por cierto tu fiesta segun he visto en las fotos una pasada…..Un besazo

    • Terry Gragera 4 noviembre, 2014 a 10:06 #

      Inma, ¡es increíble la coincidencia! Un beso enorme. Ya mismo nos vemos 🙂

  6. MARTA 4 noviembre, 2014 a 9:21 #

    Comprendo la tristeza de Teo y Ada porque yo tambien perdí a mi gata Cleo, una siamesa preciosa que me mató un perro mientras yo estaba de viaje a Argentina. La lloré tanto…Les mando un abrazo a través tuyo. Vaya final inesperado de Halloween!!.

    Besos de tu vecina y amiga.

    Marta

    • Terry Gragera 4 noviembre, 2014 a 10:06 #

      Sí, Marta, están muy tristes, aprendiendo de la vida. Un beso enorme, amiga.

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