Archivo | mayo, 2014

Sicilia… 1940

27 May

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Lograr que un niño permanezca quieto, callado… (¡¡¡ y atento!!!) durante una misa es casi imposible. (Y más teniendo en cuenta lo mucho que se afanan la mayoría de los curas en hacer de la celebración un remedio más eficaz que la dormidina).

Pero conseguirlo en dos misas seguidas es todo un acto heroico. Y, por supuesto, fallido en nuestro caso.

El sábado nos tocó ración doble de comuniones. Con dos horas de diferencia, tres de los polluelos del grupo, Almudena, Santiago y Alicia, hacían la Primera Comunión. Ya veis, somos unos amigos tan compenetrados que hasta coincidimos en eso.

Al final de la segunda, Teo ya no se hallaba en sí:

-¿Puedo jugar con el móvil?

-Quiero encender una vela…

– ¿Cuánto queda?

– ¿Puedo jugar con el móvil?

– Quiero encender una vela…

-¿Cuánto queda?

– ¿Puedo jugar con el móvil?

– Quiero encender una vela…

-¿Cuánto queda?

 

Y ya, para rematar, al borde de la desesperación:

Mamá , ¿y cuándo es la segunda comunión?

Como dejando claro: “Conmigo no cuentes para ésa”.

 

Nuestros niños se van haciendo mayores. Y nosotros, sus padres, ya podemos decir eso tan grosero de que nos conocemos hace “20 años”.

¡Pardiez, qué barbaridad! Pero es así: conservamos la amistad desde nuestros tiempos del Club como uno de esos regalos que la vida te hace para siempre.

A estas alturas, cuando nos juntamos, que es, afortunadamente, muy a menudo, le damos a la nostalgia y parecemos Las Chicas de Oro: “Vinaroz: 1992”, o “Balmori: 1994”… Y empezamos a desgranar anécdotas como cuando nos metimos los 60 en una furgoneta en el juego del “¿Qué apostamos?” o cuando Pachi subió en chancletas a los Lagos de Covadonga porque “había que curtirse”.

Ahora que soy madre me pregunto cómo esos padres confiaban a unos veinteañeros como nosotros a sus hijos con discapacidad intelectual (o diversidad funcional, que diría Alfredo reivindicando) cada sábado y cada segunda quincena del mes de julio.

Pero todo acababa saliendo no bien, sino rematadamente bien.

Tan bien que dos décadas después me basta recordarlo para sonreír desde lo más profundo de mi corazón.

No quiero ponerme ñoña, así que volviendo al principio…  A ver si el Papa Francisco (que él sí que sabe) consigue modernizar un poquito al clero porque mucho me temo que con otra jornada doble como la del sábado pasado Teo se nos vuelve de ateo para arriba. Y de eso nada, que tal como va el asunto reproductivo en el grupo de amigos del Club nos quedan muchos bautizos, bodas y comuniones que celebrar.

Eso sí, de una en una, a ser posible, queridos míos.

 

Terry Gragera
@terrygragera

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Mi madre y el negro de Ana Rosa

23 May

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Dice mi amigo David que como siga retrasándome en la publicación de mi post semanal voy a necesitar un “negro” como el de Ana Rosa. “Para escribirlo, entiéndase”, añade el muy picarón.

Y es que creo que me sobreestimo, queridos. Porque hay veces en que por más que lo intento, no llego y a las once de la noche cuando por fin me puedo poner ante el ordenador, la neurona saca la bandera blanca y me conmina: “¿Por qué no te sientas un ratito, guapa, pero a ver Telecinco o cosas así en lugar de exprimirme más por hoy?”. Y yo, conmovida, le tengo que dar la razón. Y así van pasando los días, y no hay manera de cumplir con mi público fiel.

Mi madre lleva muy mal esto de que no publique el post en el día indicado, oséase, los martes, porque le da por pensar en cosas terribles, como que una migraña asesina me ha atacado de nuevo. Ella nunca imagina que me ha podido tocar la lotería y he huido a la República Dominicana sin despedirme de mi suegra. No. Para ella, si pasa algo, ha tenido que ser malo.

Por eso, cuando los miércoles por la mañana suena el teléfono en la oficina, mis compañeros ya saben que es mi progenitora que quiere fiscalizar lo que ha pasado. “¿No has publicado el post, no?”. ¿Y eso?”.

Es lo que ocurre cuando tu madre se incorpora de pleno derecho a la vida socio-virtual. ¿Dónde quedó mi intimidad? ¿Mis secretillos? ¿Los chistes verderones que pudiera compartir con mis conocidos digitales?

Mi madre me sigue en Twitter, es mi amiga en Facebook, está suscrita a mi blog y acaba de comprarse un Smartphone con WhatsApp con el que sabe exactamente a qué horas me conecto y desconecto. (Y esperaos que descubra que también estoy en LinkedIn y en Google +).

Sí, sí, podéis llamarme mártir sin rubor.

Tan sólo por no escucharla especulando con los sucedidos tormentosos que me pudieran haber acechado, voy a esforzarme en seguir publicando puntualmente cada martes.

Y lo del “negro” lo pospongo por ahora, querido David. Que luego pasa lo que pasa.

La Merkel, la salchicha y el moco de la discordia

13 May

blog6mayo

Espero que me hayáis echado muchíííííísimo de menos… Danke schön! Sí, os lo digo en alemán, porque ha sido un intenso viaje de trabajo a las tierras merkelianas lo que me hizo faltar a mi cita con este humilde, pero voluntarioso blog, la semana pasada.

Ilusa de mí, pensaba que tal vez después de la jornada con mis compañeros alemanes podría escribirlo y hasta publicarlo. Pero… ¡NO! ¿Por qué os creéis que en la tierra del bratwurst no han oído hablar de la crisis? Pues por eso mismo, porque laboran como si no hubiera un mañana.

Sin dejar escapar ni un solo segundo al viento. Sin levantar la cabeza del ordenador. Sin una sola concesión al disimulo, la holgazanería y el “pa-media-hora-que-me-queda…”.

Y todo con unos horarios particulares. Si a mí comer a las 12 me parece muy bien, y hasta saludable, pero es justo después del último y ligero bocado, cuando los hacendosos (y encantadores) kollegen se vuelven a sentar en su silla, y dale y toma y dale.

Y, claro, es la una y tú sigues ahí, contando las horas hasta las seis. Pero el reloj no avanza sino que repta, virgensantadelapiedadbendita. De tal modo que a las dos de la tarde, como diría mi hermana Elisa, ya sólo piensas seriamente en ahorcarte con un moco.

Entenderéis que después de estas intensas jornadas diarias (¡¡y en inglés!!) acabara desplomándome sobre la cama de mi hotel como la credibilidad de un político cualquiera… Y por eso, queridos míos, de mi cabeza no pude rescatar el brío-garra-vigor necesarios para escribir mi post.

Debo confesar, no obstante, que me tragué encantada las semifinales de Eurovisión que daban por la tele. Esa Conchita Salchicha, esos franceses con su moustache, ese pobre hombre hámster a punto de escoñarse…

Tenía que estar al tanto de todas las novedades de este año para ¡por fin! proclamarme vencedora en los pronósticos caseros que hacemos en familia cada Festival. Suele ganar Teo, aunque esta vez mi información privilegiada me ha hecho quedar primera: je, je, je. ¡Qué orgullosa estoy!

Si os preguntáis que si mis hijos y mi santo me han echado de menos durante mi ausencia os diré que ja-nein, vamos, lo que viene siendo, ni sí ni no.

Tras mi marcha hubo división de opiniones: Teo se quedó llorando y Ada, expectante y mirando de reojo a su padre como diciendo: “A ver qué tal se te da eso de mandar”. Es una de sus grandes quejas: “Jo, Papá, ¿por qué siempre tienes que hacer lo que dice Mamá?”. Pareceríase que yo soy una tirana innombrable. Y no es así. O no absolutamente cierto.

Me gusta controlarlo todo. Pero estoy cambiando. Tan sólo deje preparados los uniformes y las meriendas del primer día…

A la vuelta, temí encontrarme la casa echa una choza. Y no diré si se cumplieron los pronósticos, pero como me estará leyendo, sólo perjuraré que mi maridito es el mejor amo de casa del mundo.

Lo prometo por el sex-appeal de la Merkel.

 

Terry Gragera
@terrygragera