Archivo | julio, 2013

Un cumpleaños más y un cargo menos

30 Jul

tartaOK
A mi madre le encanta maquillar ciertas realidades, y una de las circunstancias en que pone más empeño es en mi edad. Supongo que me sigue viendo como esa niña que decía “ciquedas de báculo” por tijeras de plástico, así que cuando le espeto: “¡Que cumplo 42!”, me responde como si tal cosa: “Ah no, de eso nada”.

Puestos a elegir, no sé si lo prefiero a la sinceridad de mis hijos: “Mamá, estás un poquito vieja…”. Esto, esto me faltó para castigarlos con una clase magistral sobre la diferencia entre manchas y pecas y arrugas y líneas de expresión.

¿Pero es que en esta familia no hay término medio? A mi madre la dejo por imposible, y Ada y Teo se salvaron porque me prepararon una hipocalórica tarta de cumpleaños: mousse de chocolate, galletas, cobertura fondant, virutas de cacao y unas rositas de pitiminí de azúcar… coronadas por los numeritos de marras: 42. (4-2, ¿alguien para línea?, ¿alguien para bingo?).

Debo confesar que, después de pasar la barrera de los 40, no me asusto igual ante mis cumpleaños. Superado el sofocón del cambio de década, ya no me siento como en caída libre, ya no se me escapan los lagrimones cuando rememoro la juventud perdida, ya no me veo mayor. Ahora me considero directamente… ¡senil! Y presa de un ataque de pánico.

Porque los 40 parecen el horror de los horrores, pero están tan compactos y redonditos, que es como si no fueran en serio. El verdadero drama viene después: cuando empiezan a caer inmisericordemente los demás. 41 (ay, mira tú), 42 (gensanta), 43 (bueno, tampoco hay que exagerar)…

Este cumpleaños me ha pillado en la playa, y eso me ha obligado a torturar a mi santo a destajo. “¿A que ésa está mucho peor que yo?”, ¿quién está más gorda: la del bikini rojo (que-ya-le-vale) o yo?”. Y así sucesivamente.

Lo bueno es que, tras lo contemplado, he tomado una determinación. Yo, que me había autoproclamado con todos los honores presidenta vitalicia de CI (Celulíticas Invadidas), he decidido dimitir (a ver si cunde el ejemplo) de todos mis cargos. Porque si hay que ostentar se ostenta, pero habiendo quien merece más esa distinción, no quiero yo ser desconsiderada con los méritos ajenos. Así que me quedo con mi piel de naranja, pero sin complejos.

Mi próximo objetivo es pasar a ser una madurita interesante. Así que, para ir adelantándome a lo que viene, ya me he puesto el flequillo que Michelle Obama se calzó por sus 50 años. “Quítate eso, que te pareces a Angela Channing”, me ha dicho mi madre al verme, pero yo, como el que oye llover.

Que esto de la edad es algo muy serio. Tanto, que he empezado a preocuparme de verdad al descubrir cómo me gusta ahora que me piropeen al pasar junto a un andamio. Y eso sí que no. Aunque pensándolo bien, va a ser que en el fondo-fondo estoy hecha una chiquilla; ¡ay, cuánta razón tiene mi madre!

Terry Gragera
@terrygragera

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Una de coches y buenrollismo paternal

23 Jul

kiraOK

Comencemos por el principio. Diría que “me llena de orgullo y satisfacción” la acogida que ha tenido Mamá, Periquito me quiere pegar, pero como la Corona está en horas bajas, mejor ni mentarla. Así que con toda mi plebeyez a cuestas os agradezco de corazón vuestros primeros comentarios,vuestras primeras palabras de ánimo, vuestras suscripciones al Blog. Estáis todos los que esperaba (amigos, familiares, compañeros, jefes…) y alguna sorpresa, porque hasta el clero y un alcalde revolucionario me siguen (¡bienvenidos, Rosario y José Antonio!), así que esto tiene que salir bien…

Ésa que veis en el dibujo de Ada no soy yo con algunos kilillos de más y una depilación de labio superior pendiente, no. Es nuestra cobaya, Kira, con su equipaje a cuestas, dispuesta a tomarse vacaciones con nosotros. Pienso, heno, mordedores, la jaula de estar, la jaula de paseo, el bebedero grande, el bebedero pequeño… y medio maletero lleno. Porque, queridos míos, ya no somos cuatro de familia, ahora somos cinco (¡no hiperventiles, mamá!), porque Kira-se-viene.

Bueno, preciso: Kira-se-venía. Nos acompañaba hasta el momento en que nuestro cochecito la armó. Algunos ya sabéis que nuestro encantador utilitario tiene vida propia. Y lo ha vuelto a demostrar.

Es, sencillamente, “adorable”. Pensando en el bienestar de la pobre cobaya, que se iba a chupar 800 kilómetros de viaje, decidió pararse al inicio de la ruta para que nos lo replanteáramos. Y vaya si lo hicimos. Exactamente, mientras la grúa nos volvía a remolcar y mi hermano Fernando nos martilleaba con el soniquete de “ya os dije yo que no os comprarais un coche con frenos de tambor”.

Así es la vida, un déjà vu constante. Porque la primera vez que, en plenas vacaciones, el coche te deja tirado, pones sonrisita de medio lado y dices aquello de: “No pasa nada, que todos los problemas fueran éstos”. Pero la segunda vez (¡y en cuatro meses!), sólo te brota un “voy-a-cag…-en-todo-lo-que-se-menea”.

Pero no puedes hacerlo. Porque ahí están tus hijos. Escrutándote con la mirada. Ávidos por pillarte en un renuncio. Mascullando algo como “a ver donde os metéis ahora eso de que hay que ser positivos y no alterarse por los problemas”. En las gónadas suprarrenales, hijos, en las mismísimas gónadas suprarrenales nos lo metemos.

Porque educar sobre el papel es muy fácil, ¡que viva el buenrollismo paternal!: no hay que perder nunca los nervios ni la compostura, hijos; hay que ser educados, hijos; todo siempre con buenas palabras, hijos; la sonrisa en la boca, hijos; la amabilidad ante todo, hijos… Pero ellos te están esperando, sí, aguardan con fruición tu momento: ése en el que mandarías a tomar… bocanadas de aire fresco a todos tus principios para poder lanzar improperios por doquier y desahogarte como está mandado.

Y una se debate descarnadamente, con el hilillo de baba ácida escurriéndosele por la boca y el insulto glotis arriba, glotis abajo: mmm, mmmm, mmmmm… Y entonces las ves: son las pupilas de tus hijos clavadas en las aletas de tu nariz, que se ensanchan por momentos, y tienes que soltar un ¡ay! porque has decidido morderte la lengua, aun a riesgo de intoxicarte, en lugar de volver a ser masa enfurecida por encima de madre.

Así que aquí estamos, sin Kira, que se ha quedado sin vacaciones, bajo la vigilancia de esa beatífica mujer que es mi suegra, a la que hemos cambiado bicho por coche. Ella cuida de la cobaya y nosotros sacamos a pasear a su automóvil. Creo que es justo, ¿no? Si por algo es santo mi imponderado esposo… ¡la genética!

Y mientras, en el Taller, una factura destelleante espera amargarnos el verano. Pero no, eso sí que no. Y menos delante de los niños. No pienso dejarles descubrir que su madre puede ser demoniaca si el cochecito de marras se lo propone.

Así que a sonreír y a cantar las bondades de la vida, que estas mis criaturas crecerán y ya tendré tiempo de vengarme esplendorosamente del turbo, de los inyectores y de la mismísima fábrica que los engendró. ¡Por éstas!


Terry Gragera
@terrygragera

¡Bienvenidos, Periquitos!

16 Jul

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Mamá, Periquito me quiere pegar. ¿Por qué? Por ná. Por un pimiento, por un tomate, por una onza de chocolate”… En estos mis diez primeros años de experiencia como madre, me he repetido interiormente muchas veces esta retahíla, que supongo haber escuchado a mi abuela.

Como digo en mi presentación, tengo dos hijos y un marido, maravillosos a partes desiguales, que me inspiran día sí, día también, protagonizando múltiples sucedidos que traen a mis meninges la citada cancioncilla, ora en momentos de desesperación, ora en instantes de surrealismo fraternal.

En este Blog que he titulado justo así, quiero contaros, siempre en tono de humor, anécdotas de nuestra vida familiar. Algunos ya me conoceréis a través de los post que he escrito en Creciclando y en Enfemenino. Tal vez penséis que soy una madre neurótica (y no os voy a quitar la razón) o que ése que nombré mi santo (con permiso de Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina), va mereciendo ya su monumento por aguantarme. La verdad es que sí; es toda una joyita, un diamante… en bruto.

Ironías aparte, en este Blog encontraréis un reflejo de lo desquiciante-maravillosa-insufrible-irrenunciable-agotadora-divertida… que puede llegar a ser una familia con dos hijos: una niña con 10 años y un niño de 7. Ada y Teo, mis hijos, que espero que se rían conmigo en el futuro por atreverme a desdramatizar la maternidad.

Pero no solo leeréis historias de eso que los sociólogos llaman la familia nuclear, que es justamente la que ha retratado Teo en el dibujo que ilustra este post. Como he venido haciendo hasta ahora, me voy a atrever con la “familia extensa”: amigos, hermanos, sobrinos, cuñados, padres (¡hola, mamá!) y hasta con mi suegra. Cof, Cof, ¡Uy; qué tos más inoportuna!

¿Qué? ¿Os he convencido? Pues me tendréis cada martes por aquí. Y para los asiduos y fieles simpatizantes, gracias por seguirme en esta nueva andadura. Espero que dentro de muy poco, seamos muchos Periquitos y Periquitas.

Un abrazo a todos y ¡hasta el próximo martes!

Terry Gragera
@terrygragera