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¡Confirmado!

21 Feb

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Confirmado. Hay dos cosas que no se olvidan nunca. A saber: montar en bicicleta y ducharse en menos de un minuto. En estas últimas semanas doy fe de la segunda, y no porque Claudia sea una niña llorona, sino porque cuando hay un bebé en casa a las madres nos da por higienizarnos a un ritmo marcial que sería la envidia de Kim Jong-un.

Eso sí, que no cunda el pánico. Todas, incluidas aquellas que Ada y Teo denominaban “las partes privadas”, quedan per-fec-ta-men-te limpitas en ese entrar y salir del baño en el que la esponja no corre sino vuela mientras tú gritas cantando: “Ya voy, Claudia, cariño. Ya voooy… Debajo un botón, tón, tón… Del señor Martín, tín, tín…”.

Como declamaría Kiko Rivera, “así soy yo”. Una madre global, para qué nos vamos a engañar.

Además de las cosas serias y profundas que he descubierto gracias a Claudia, también me ha sido revelado, mira tú por dónde, que los años no pasan en balde. Cierto es que no paro de mirarla ni de achucharla y notaba yo que la vista se me nublaba. “La emoción, la emoción”, me decía. Hasta que pasadas las semanas, me caí del guindo y descubrí… ¡que tengo presbicia! Sí, queridos, sí, lo que viene siendo vista cansada. Vamos, que de cerca veo menos que Pepe Leches. Así que me paso el día acercándome y alejándome a mi niña para enfocarla bien.

Si a esto unimos la miopía traidora que ha vuelto a mis pupilas, me presumo un futuro de lo más molón poniéndome y quitándome gafas a cada momento hasta que las bifocales entren en mi vida. Virgensantadelapiedadbendita, con lo joven que soy y llena de binoculares.

Espero, al menos, que las dioptrías tarden mucho en llegar a la vida de Ada y no debute en la adolescencia como con la que suscribe, porque a veces siento que somos clones y me quedo boquiabierta ante la cantidad de semejanzas que tenemos, tanto en aspectos importantes como en coincidencias tontas, sin trascendencia alguna, pero que me admiran incluso más.

En mi época de estudiante miope yo era la del Bic Naranja (“Bic Naranja escribe fino, Bic Cristal escribe normal, Bic, Bic, Bic, Bic, Bic”). Sí, la rarita de la clase que tenía que escribir con punta extrafina. Pues bien, Ada también necesita bolígrafos de punta casi microscópica. A Ada también le producen sudores las faltas de ortografía, a Ada tampoco le gusta que le compre ropa (recuerdo la cara de estupefacción de todas las dependientas cuando mi madre insistía en llevarse esto y lo otro, y yo: “Que no, mamá, que ya tengo…”, pues Ada… igualita). Ada no soporta el arroz blanco, excepto cuando lleva colorante… ¡justo como su madre! Y pese a que algunas pruebas de gimnasia se le resisten, es de las mejores haciendo volteretas en el plinto… ¡Exacto, como me pasaba a mí!

Sin embargo, en la lotería genética parece que a Teo le han tocado todas las papeletas paternas (mente matemática, fortaleza física, habilidad manual, perfecta orientación…). A excepción de los celillos, donde entono el “mea culpa”.

Si os preguntáis si se ha sentido de “aquella manera” con la llegada de su hermanita, la respuesta es sí. Pero con matices. Por suerte, los episodios de inquietud han sido breves y controlables. Teo, un niño bueno, obediente (en la medida en que puede serlo un infante de 9 años) y colaborador, se convirtió por unos días en su antítesis: contestón, retador, rebelde… Como diciendo: “Voy a portarme todo lo mal que soy capaz para comprobar si, aun así, me seguís queriendo”. ¿Resultado? Mi santo y yo captamos la indirecta y nos lo llevamos a los bolos, al McDonald’s, al cine… Es decir, sobredosis de atención y cariño, tras lo cual, nunca más se supo de la pelusilla post-hermana, pues efectivamente confirmó que sigue siendo nuestro Niño.

Así que como veis, gozamos de estabilidad familiar y genética. Me pregunto cuáles serán los gustos y las aficiones de Claudia en un futuro y si romperán el empate. Por ahora, su ocupación favorita es comer, estar en brazos y recibir mimos.

Es tan adorable… Lo que más me gusta de ella es que cuando le digo “bonita” o “preciosa” o “cuánto te quiero” se queda muy quieta y cierra sus ojitos rasgados, esperando que vuelva a repetirlo, con carita complacida como diciendo: “Tú sigue, que merezco eso y mucho más”.

Y es verdad, nos sentimos bendecidos porque Claudia esté aquí. Sigue siendo, junto con Ada y Teo, el regalo más bonito que nos ha hecho la vida. Ainsss, cuesta tan poco ser feliz de verdad…

Os dejo por hoy, que me pide el cuerpo ir con mis peques. ¡Hasta la próxima, Periquitos! Y muchas gracias por vuestro cariño, que nos ha llegado al corazón.

Terry Gragera
@terrygragera

 

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