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La Merkel, la salchicha y el moco de la discordia

13 May

blog6mayo

Espero que me hayáis echado muchíííííísimo de menos… Danke schön! Sí, os lo digo en alemán, porque ha sido un intenso viaje de trabajo a las tierras merkelianas lo que me hizo faltar a mi cita con este humilde, pero voluntarioso blog, la semana pasada.

Ilusa de mí, pensaba que tal vez después de la jornada con mis compañeros alemanes podría escribirlo y hasta publicarlo. Pero… ¡NO! ¿Por qué os creéis que en la tierra del bratwurst no han oído hablar de la crisis? Pues por eso mismo, porque laboran como si no hubiera un mañana.

Sin dejar escapar ni un solo segundo al viento. Sin levantar la cabeza del ordenador. Sin una sola concesión al disimulo, la holgazanería y el “pa-media-hora-que-me-queda…”.

Y todo con unos horarios particulares. Si a mí comer a las 12 me parece muy bien, y hasta saludable, pero es justo después del último y ligero bocado, cuando los hacendosos (y encantadores) kollegen se vuelven a sentar en su silla, y dale y toma y dale.

Y, claro, es la una y tú sigues ahí, contando las horas hasta las seis. Pero el reloj no avanza sino que repta, virgensantadelapiedadbendita. De tal modo que a las dos de la tarde, como diría mi hermana Elisa, ya sólo piensas seriamente en ahorcarte con un moco.

Entenderéis que después de estas intensas jornadas diarias (¡¡y en inglés!!) acabara desplomándome sobre la cama de mi hotel como la credibilidad de un político cualquiera… Y por eso, queridos míos, de mi cabeza no pude rescatar el brío-garra-vigor necesarios para escribir mi post.

Debo confesar, no obstante, que me tragué encantada las semifinales de Eurovisión que daban por la tele. Esa Conchita Salchicha, esos franceses con su moustache, ese pobre hombre hámster a punto de escoñarse…

Tenía que estar al tanto de todas las novedades de este año para ¡por fin! proclamarme vencedora en los pronósticos caseros que hacemos en familia cada Festival. Suele ganar Teo, aunque esta vez mi información privilegiada me ha hecho quedar primera: je, je, je. ¡Qué orgullosa estoy!

Si os preguntáis que si mis hijos y mi santo me han echado de menos durante mi ausencia os diré que ja-nein, vamos, lo que viene siendo, ni sí ni no.

Tras mi marcha hubo división de opiniones: Teo se quedó llorando y Ada, expectante y mirando de reojo a su padre como diciendo: “A ver qué tal se te da eso de mandar”. Es una de sus grandes quejas: “Jo, Papá, ¿por qué siempre tienes que hacer lo que dice Mamá?”. Pareceríase que yo soy una tirana innombrable. Y no es así. O no absolutamente cierto.

Me gusta controlarlo todo. Pero estoy cambiando. Tan sólo deje preparados los uniformes y las meriendas del primer día…

A la vuelta, temí encontrarme la casa echa una choza. Y no diré si se cumplieron los pronósticos, pero como me estará leyendo, sólo perjuraré que mi maridito es el mejor amo de casa del mundo.

Lo prometo por el sex-appeal de la Merkel.

 

Terry Gragera
@terrygragera